Como la mayoría de los municipios rurales de la provincia, Portillo es un pueblo de tradición agrícola. En este sentido, destaca la producción de productos hortofrutícolas, cereales, remolacha y, en especial, la producción y comercialización del ajo. Y es que Portillo cultiva el ajo blanco desde tiempos inmemoriales; en concreto, se cree que desde los romanos. Es éste un cultivo ancestral, que requiere mucha laboriosidad en el proceso de siembra manual, diente a diente, y, posteriormente, en su recolección y secado hasta que está preparado para ser cortado y limpiado y proceder a su comercialización. La climatología y las características del terreno en el que son sembrados, junto al hecho de que se agrupen en cabezas de entre 8 y 12 dientes cada una, hacen que el ajo de Portillo sea considerado el mejor ajo blanco de España. El período de siembra corresponde a los meses de noviembre y diciembre, mientras que los de recolección a junio y julio.

Por otro lado, el municipio comenzó con el oficio de la alfarería en la Edad Media. La mayor parte de la producción cerámica es artesanal, a pesar de que los antiguos tornos de pie y los hornos de carbón y leña han sido sustituidos por maquinaria más moderna. En este sentido varios son los tipos de cerámica que se dan en Portillo. De una parte, siguen fabricándose piezas tradicionales, como cazuelas, barreños y jarros, de pasta roja y decorados en color amarillo, presentes aún en un buen número de casas castellanas y mesones típicos. Más industrializada es la producción de piezas pequeñas, a gran escala, dedicadas a celebraciones como bodas y bautizos. Totalmente industrial es la fabricación de cazuelas refractarias, tiestos, vasos y objetos decorativos. Por último, al margen de estos tipos, otros alfareros se dedican a la “cerámica artística”, en la que interviene más el espíritu creativo del artista y para la que se utilizan gamas más amplias de colores.

La otra industria importante, es la repostera, dedicada fundamentalmente a la fabricación de pastas caseras y, en especial, de los famosos mantecados, llamados también “zapatillas”, por la similitud que éstos tienen con las alpargatas que antiguamente usaban los artesanos. El proceso de elaboración de este dulce es igualmente laborioso y tradicional. Una cuidada mezcla de manteca, harina y vino o aguardiente sirven de masa, que es cortada con un molde metálico, para luego proceder al bañado “ a cuchillo “ o “ brocha “ de los mantecados, que le dan el aspecto típico y característico a este producto. Además de los mantecados, son también productos tradicionales los bollos de polvo, las ciegas y las pastas de piñón.